Analizo toda la información del escritorio. ¿Y de esto tengo que sacar yo una noticia en condiciones?, pienso. No se puede. Así no se puede trabajar. No puedo escribir algo decente de 5 párrafos con cabecera y título de una conferencia donde lo único que se hizo es pasar un vídeo de 24 minutos y donde la protagonista habló unos 10. Así, no.
Me saco las gafas y las dejo sobre la madera de la mesa. Me froto los ojos, cansados. Arqueo la espalda dolorida, estirándola. Miro de nuevo las hojas y me pregunto a mí misma: ¿de veras es eso lo que te preocupa?
Suspiro, con una sonrisa triste en los labios. Sabes que no. Sé que no. Pero oculto todo lo que siento bajo montones de papeles para no pensar en ello más de lo debido.
Porque si lo hago, todo podría cambiar. Pasar de ser un punto de apoyo a la razón del quiebre... No, yo no quiero eso. Yo quiero seguir siendo el punto de apoyo. Pero no puedo serlo si mi propio punto de apoyo está desequilibrado. Él desequilibrado, apoyándome, y yo desequilibrada, apoyándole. Explosiva combinación. Un tambaleo momentáneo (dos, en realidad) que para mí fue como derrumbe ha dejado mi base bastante afectada. Quizá pueda soportar uno más, como mucho dos, pero más ya sería el derrumbe. Y no quiero derrumbarme. No otra vez.
Así que no tambalees. Porque si tú tambaleas, yo tambaleo. Y si tambaleo yo, tambaleas tú. Y así entramos en un círculo vicioso del cual sólo se puede salir con el derrumbe de uno de los dos. Y posterior derrumbe del que quedaba. Y no. Los dos tenemos que seguir en pie para apoyarnos el uno al otro.
Miro por la ventana. Empieza a anochecer. Ya han encendido las luces de la Vila, y casi no veo. Pero tengo faena que terminar...
Suspiro largo y tendido -aaaaaaaaaaish...- mientras me coloco las gafas de nuevo. ¡Cómo quisiera poder gritar! ¡Cómo me gustaría escapar y correr y saltar y no tener que temer por si abro la boca más de la cuenta o si la cierro demasiado fuerte!
Analizo los papeles, otra vez. Rebufo al verlos. Me levanto, me preparo un café calentito y vuelvo. Miro el móvil: nada. Suspiro y vuelvo al teclado. Creo que esta noche va a ser muuuuy larga...
He estado más de un mes fuera del blog. ¿Los motivos? Bueno... he empezado mi vida universitaria. Me he mudado a un piso compartido con tres compañeras en el campus de la Universidad y ya he empezado mis clases para convertirme en futura periodista. Por ese motivo, este blog va a tomar una dirección totalmente diferente...
En una de las asignaturas me han encargado hacer un blog única y exclusivamente de noticias. Hacer un blog nuevo me resulta demasiado costoso y, puesto que últimamente mi vida va viento en popa (esperemos que por mucho tiempo), voy a aprovechar este que tengo. Así que, de momento, se acabaron mis reflexiones...
Ahora dedicaré el blog a las noticias de mi pueblo, Lloret de Mar -sí, ese maravilloso y fantástico pueblo (nótese la ironía) donde los turistas son cívicos y respetuosos con sus habitantes y donde los sábados por la noche una puede pasear tranquilamente por la riera y el paseo marítimo-, pero con otro punto de vista... Ya veremos qué sale de todo esto.
Buenas noches desde Vila Universitària, Universitat Autònoma de Barcelona, Cerdanyola del Vallès, Catalunya, España.
Miremoslo de este modo: el amor es, en cierto modo, como un laberinto: es fácil entrar pero muy difícil salir. Entras como quien no quiere la cosa, pensando que, como es un laberinto chiquitito, te será fácil salir de él. Gran error. Por muy pequeño que sea, el laberinto del amor tiene muchas curvas, subidas, bajadas, paredes que te impiden el paso y callejones sin salida. ¿Cómo salir, entonces, de semejante... tortura? No puedes. No puedes salir. No puedes escapar. Para ello necesitas de alguien que te guíe hacia la salida y, muchas veces, es la misma persona que te metió en él...
Del mismo modo, podemos ver el amor como una montaña rusa. Te sientas (le conoces), te aseguras de estar bien sujeto (la seguridad de saber que le amas), el cosquilleo en el estómago de los nervios previos al arranque (las mariposas en el estómago de cuando te vas a confesar), el arranque de la atracción (se lo dices, le confiesas todo tu amor) y, aquí, puede tomar dos direcciones: la subida (eres correspondida), que suele ser lenta, dulce y suave (los primeros momentos de la relación); o la bajada (no eres correspondida), rápida, caótica, agonizante (la depresión de saber que no te ama). Si tu camino ha sido la subida, como en mi caso, aquí no acaba la cosa. Después de la subida viene una bajada mayor (la primera discusión, con toda tu tristeza incluida) que puede volver a subir (os habéis arreglado) o que puede continuar en línea recta (hay un parón). Y así va pasando la relación... subes, bajas, subes, bajas... Tus emociones y tu estado de ánimo dependen pura y enteramente de la persona a la que amas... Hasta que, principalmente de golpe y sin previo aviso, el vagón se para. Te preguntas ¿qué ha pasado?, ¿por qué se para?, ¿qué he hecho de malo? y, prácticamente, te obligan a bajar del vagón. Bajas, aturdida: ha sido emocionante, divertido y perfecto. Tanto, que no querías que terminara. No quieres que termine... Pero muchas veces no depende de ti. Así que lo único que te queda es tragarte el nudo que tienes en la garganta, aguantarlo en el estómago, e intentar no llorar...
Por mi parte, sólo espero que este vagón, MI vagón, no se pare nunca. Que el conductor no me obligue a bajar de él... Porque nunca se me ha dado bien tragarme los nudos o aguantarme las ganas de llorar. Y más después de querer, de amar a alguien de este modo... Sigue en marcha. Sigo en marcha. Voy intercalando grandes subidas con pequeñas bajadas. Es como una de cal y otra de arena. Pero prefiero eso a estar parada; porque esto, lo de ahora, esas grandes subidas y esas pequeñas bajadas, significan que nos da miedo cagarla, que nos importa la seguridad del vagón... En cambio, si se parara, si tú lo detuvieras... creo que me volvería loca.
Tu dispositivocruel. Tu sangrecomo el hielo. Una miradapuede matar. Mi dolor,tu emoción
Quiero amarte, pero es mejorno tocar(no tocar) Quieroabrazarte, pero missentidos me dicen quepare. Quiero besarte, perolo quiero demasiado (demasiado) Quiero probarte, perotus labiosson venenovenenoso. Eres venenocorriendo pormis venas. Eres veneno,no quieroromper estas cadenas. Tu boca,tan caliente. Tured, estoy atrapada. Tu piel,tan húmeda. Encaje negro ensudor. Te he escuchado llamarme, y esagujas y alfileres(y alfileres) Quierohacerte dañosólo para oirtegritarmi nombre. Noquiero tocartepero estásbajo mi piel(bajo mi piel) Quierobesarteperotus labiosson venenovenenoso. Eres veneno corriendo por mis venas. Eres veneno,no quieroromper estas cadenas. Veneno. Una miradapuede matar. Mi dolor,tu emoción. Quiero amarte, pero es mejorno tocar(no tocar) Quieroabrazarte, pero missentidos me dicen quepare. Quierobesarte, perolo quierodemasiado (demasiado) Quieroprobarte, perotus labiosson venenovenenoso. Eres venenocorriendo pormis venas. Eres veneno,no quieroromper estas cadenas. Veneno. Quiero amarte, pero es mejorno tocar(no tocar) Quieroabrazarte, pero missentidos me dicen quepare. Quierobesarte, perolo quierodemasiado (demasiado) Quieroprobarte, perotus labiosson venenovenenoso, sí. No quieroromper estascadenas. Veneno, oh no. Corriendo pormis venas,ardiendoenmis venas. Es veneno. No quieroromper estas cadenas.
Eres como una maldita droga para mí. Adicta, tremendamente adicta...
(Para mi gusto y satisfacción personal, dejo un remix de DJ Cammy de esta pedazo de canción de Alice Cooper...)
Todo era estable en su vida: la familia, los estudios, las amistades, el amor... no tenía queja de nada, llevaba la vida que quería y luchaba por perfeccionarla. Hasta que él apareció.
Entró en su vida como un huracán: devastador, arrasador, implacable e imparable. Dejó todo su mundo patas arriba. Todo lo que era estable, se volvió inestable: no sabía ni lo que quería, ni lo que sentía, ni entendía por qué le pasaba eso... Se sentía frágil, débil y vulnerable.
Aun ahora, con cierto orden en su vida y en sus días, con cierta estabilidad y con cierto conocimiento de lo que le pasa, se sigue sintiendo frágil, débil y vulnerable.
Porque es consciente del efecto que provoca en ella...
diumenge, 24 de juliol del 2011
A veces, la complicidad con una persona depende de las cosas que tengas en común con ella. Otras veces, esa complicidad no depende de lo que tenéis en común, si no de lo que sentís en común, de las circunstancias que os unen...
Somos muy distintos. En música, en estilo, en gustos, en visión de la vida... pero, a pesar de todo y por desgracia, hay algo muy fuerte que nos une: un momento de nuestra vida, una situación en nuestra vida por la cual hemos pasado los dos que hace que te comprenda de un modo que nadie más puede hacerlo. No ha sido una situación feliz, pero el hecho de saber y comprender por lo que estás pasando hace que, dejando de lado nuestras diferencias, me sienta muy unida a ti. Me gustaría que fuera por un motivo distinto, pero no es así, y no podemos hacer nada por cambiarlo. Ni qué decir tiene que, saber que ahora mismo lo estás pasando mal y que estás triste me parte el corazón... Quizá por eso ahora me gustaría poder darte un gran abrazo (aunque los odies), dejar que me toques los mofletes (sé que te encantan) y verte sonreír. Ya sabes que me gusta mucho tu sonrisa...
Muchas veces me has dicho y repetido que somos muy diferentes. Vale, puede que lo seamos, pero las circunstancias básicas de la vida nos unen, en ellas somos iguales, y, cielo santo, lo que sea que esté ahí arriba gobernando el universo sabe que te quiero muchísimo y que verte mal es una de las cosas que más odio... No veo el momento de escucharte y saber que estás bien.
Esto, en el fondo, no es un detalle demasiado grande... Pero, como eres un gran seguidor de mis escritos, quería demostrarte que me tienes para todo, para absolutamente todo lo que necesites. Si necesitas espacio, te daré espacio. Si necesitas comprensión, te daré comprensión. Si necesitas cariño, te daré cariño. Y si necesitas estar solo, te dejaré solo hasta que me necesites de nuevo...
Sonríe. Sonríe, sonríe, sonríe. De verdad, hazlo. Por ti, por mí, y por todos los que te queremos.
Ha llegado un punto en mi vida en el que la situación en la que me encuentro me está afectando enormemente... Así que, por ese motivo, voy a desaparecer unos cuantos días...