dimarts, 31 de maig del 2011
Rain.
Llovía. Mucho. Caminaba bajo la lluvia, despacio, con su chaqueta negra y su paraguas rojo, escuchando esa canción con la que se sentía tan identificada.
Hace tiempo que vive en un cuento del cual no quiere salir. Exacto. Si no quiere salir es, básicamente, porque no puede, porque la tiene hechizada...
Sigue caminando. Ha decidido ir sola, no quiere la compañía de sus amigos, no le apetece.
Encantada, duerme con la almohada, y se olvidó de reír. No ríe porque no puede, porque no soporta más estar así, porque odia sus silencios...
Ha escogido el camino largo, de tierra. Le gusta mucho el olor a tierra mojada.
Dicen que es la bruja con tacón de aguja aliada de Lucifer. Puede que sí, que sea más mala persona de lo que se creía, pero no puede evitarlo...
En su camino, a pasos lentos, se fija en el paisaje. Las gotas de agua hacen postrarse las ramas a su paso.
Cuentan que era estrella pero la botella acabó con ella hasta hacerla enloquecer. No, lo que la ha hecho enloquecer ha sido la guerra entre mente y corazón...
Continua su camino, cuando una família de caracoles se cruza en él. Decide agacharse a observarlos.
Stop, mi hada, estrella invitada, victima del desamor. ¿Desamor? No, ella no sufre de eso. Ella sufre por amor, por la lejanía...
Uno de los caracoles casi es pisado por su pie. Arrepentida, lo coge y se lo pone en la mano.
Sube al coche, reina de la noche, olvida tu malhumor. El malhumor la domina. La rabia también. ¿Por qué es todo tan difícil? No deja de preguntárselo...
El caracol camina y camina en su mano, haciéndole cosquillas. Lo mira con ternura.
Embrujada, vive encadenada, a un viejo televisor. Si la televisión fuera capaz de distraerla... Pero no, nada puede distraerla, todo le recuerda a él y a él...
La lluvia sigue cayendo, empapándole la mano, los pantalones, pero no le importa.
Y de Samantha cuentan que fue musa de algún mediocre pintor. Él es el pintor de sus sueños, de sus esperanzas, pero parece que no se da cuenta...
Camina y camina, cada vez más triste, pero agradecida por la compañía de un solitario caracol.
Todo era derroche, reina de la noche. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Por suerte o por desgracia, nadie parece verla. Se siente tan ignorada en ocasiones...
Un caracol apartado de su família, como a ella la han apartado de lo que más adora.
Cuentan que eras sexy, rutilante estrella, pero la botella acabó con tu poder. Ojalá algo tan común y corriente como el alcohol la hiciera olvidar lo sola que puede llegar a estar...
Se siente culpable. El pobre caracol no tiene la culpa de su soledad.
Stop, mi bruja, con tacón de aguja, victima del desamor. Desea con todas sus fuerzas no sentirse tan tremendamente ignorada, pero no lo consigue. El silencio es la peor arma contra ella...
Decide agacharse. Mira al caracol con ternura, que también le devuelve la mirada con sus antenitas.
Date prisa, envuélvete en la brisa, olvida tu malhumor. Si de verdad pudiera convertirse en brisa, iría hasta él, donde un suave viento rozaría sus labios...
Coge el caracol con la mano y lo deja en el suelo, con cuidado.
Stop, mi hada, estrella invitada, victima del desamor. Un beso volador para recordarle que ella está ahí, esperándole, deseando que le hable y le cuente de él...
Se levanta y sigue caminando. Su paraguas rojo empieza a moverse en círculos.
Acelera un poco más. No quiere llegar tarde.
Al final, se harta de todo y cierra el paraguas. No importa la lluvia. No importa el viento. No importa mojarse.
Para ella, lo único que importa es él. Es saber que él sabe que puede contar con ella para todo. Es saber que él sabe que le espera. Es saber que él también la está esperando...
A lo lejos, ve a sus amigos. Agradece la lluvia y haberse mojado. Así, cuando le vean la cara no sospecharán que, durante todo el camino, ha llorado.
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