divendres, 17 de juny del 2011

Catharsis.



La Selectividad une a las personas.
 

Compañeros con los que no te habías hablado en dos años, te hablas con ellos ahora.
¿Cómo te ha ido?, te preguntan cuando te ven salir de la Facultad, después de un examen follador.
Y tú les miras, sonríes si te fue bien, lloras si te fue mal, y siempre contestas con el típico bueno..., para después alabar lo fácil que era o criticar su dificultad.
Empiezas a contrastar opiniones y respuestas, y te pones nerviosa cuando ves que la tuya no coincide con la de nadie... y te cagas en tu maldita cabeza por haber contestado eso.
Pero te alegras cuando escuchas que otra persona ha elegido la misma opción que tú, ya que no estás sola.


Otra de las características de la Selectividad son sus ruidos. La cantidad y diversidad de sonidos que se oyen en las aulas es inimaginable.
Desde la tos hasta los sorbos por la nariz, pasando por los movimientos frenéticos y espasmódicos de los pies y por los retortijones de estómago (¿producto de los nervios?)


También aprendes a dominar y calmar tus nervios.
Te dan el examen, pones las etiquetas, y hasta que no son y media en punto, no puedes abrirlos.
Esos minutos previos son fatales. Tus nervios aumentan, el corazón se acelera, el pulso se dispara, la tensión se eleva...


Cuando un examen te sale bien, todos se alegran.
Cuando un examen te sale mal, todos intentan alegrarte.
Este compañerismo hace que merezca la pena...

Y cuando entregas el último examen, el último de todos, el que significa el fin de los 3 peores días de tu vida... Sientes ganas de llorar.
Y lloras. Y tu cuerpo experimenta una dulce catarsis: eliminas, a través de tus saladas lágrimas, toda la tensión y la presión y la desesperación y los nervios de tantos días...
Y, cuando terminas, te sientes como nueva.


Efectivamente. El ser humano se une ante la adversidad.
Y la Selectividad es la prueba más difícil de todas.

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