Estaba intranquila.
Sentada frente al PC, miraba todas las páginas que se le ocurrían y escuchaba todas las canciones inventadas y por inventar para intentar no pensar.
Pero era una labor prácticamente imposible. El nudo que tenía en la boca del estómago era demasiado grande, fuerte y apretado como para olvidarse de él tan fácilmente.
Había muchas cosas que detestaba en este mundo: que escribieran su nombre mal, que la gritaran, que le dijeran lo que tenía que hacer, pero, sobretodo... el silencio entre ella y alguna persona que quería. Eso era lo que más odiaba. No ser capaz de hablar con una persona querida la hacía sentir profundamente mal.
Y más si esa persona era Él.
Se sentía terriblemente enferma cuando intentaba iniciar algún tema de conversación y Él le respondía con monosílabos, o ponía caras raras. Aunque lo que la terminaba de matar era cuando le comentaba su silencio y Él contestaba "es que no sé qué decirte".
¿No sabes qué decirme?, pensaba, Si sabes que me tienes aquí, que no hago más que mirar tu conversación, que espero escuchar el maldito tururut de tu conversa... No sabes qué decirme, pudiéndome decir la más absoluta gilipollez, optas por el mutismo... Y no tienes ni idea de lo que tu mutismo provoca en mí, cariño.
Quería... quería estar con él. De veras lo quería. Pero el miedo a equivocarse y el profundo muro de silencio que había implantado entre ella y Él, la hacían retroceder. Quería sincerarse, decirle que no le quería, que le amaba, y que quería verle y tocarle y besarle y hacerle saber que estaba ahí, para Él, siempre que la necesitara, siempre que la quisiera... ella iba a estar ahí, por Él.
Porque Él era una de las personas que más le importaban en este mundo, que sentía cómo todo su interior se rompía cuando tenía la sensación de que se alejaba de ella, de que le perdía... Y no podía evitar deprimirse si Él estaba mal, alegrarse si Él estaba bien, preocuparse si Él estaba preocupado...
Hacía un par de días había leído una frase que reflejaba todo esto: Una persona es verdaderamente importante para ti cuando su estado de ánimo influye en el tuyo.
Exacto. Precisa y justamente eso. Se sorprendía. No tenía ningún tipo de sentido... Pero esa era la verdad. ¿Cómo iba a ser posible que una persona a la que no había visto nunca, a la que no había tocado nunca, y de la que sólo conocía la voz fuera tan importante para ella en tan poco tiempo?
Ah, su voz... Su dulce y tierna voz, esa voz que cada vez que escuchaba la tranquilizaba... Le encantaba cuando la llamaba por su mote; odiaba cuando la llamaba por su nombre. Si pudiera, grabaría su voz cada vez que le decía que la quería, para escucharlo cuando se sentía sola...
En fin, eran tantas las cosas que le gustaban de Él, que ni todos los folios del mundo serían suficientes para decirlas...
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