diumenge, 3 de juliol del 2011
My nights.
Irte a la cama a altas horas de la mañana, muerta de sueño, y que, justo tumbarte, se te abran los ojos y te des cuenta de que Morfeo te ha abandonado... Jode, y jode mucho. Y jode más si, en el intento de dormirte, no dejas de dar vueltas, ni en la cama ni en la cabeza. Sí, ese runrun incesante que, a cada segundo y a cada vuelta en tu mente, te parte un poco más el corazón...
Piensas y recuerdas todos los buenos momentos, las risas, los llantos, las sonrisas cómplices, las miradas... y es entonces cuando te das cuenta del distanciamiento que hay. ¿Qué cojones ha podido pasar? ¿Por qué ha tenido que ser así?
Sigues dándole vueltas al coco. Tanto pensar te está matando, y lo sabes, pero en el fondo te da igual, porque lo único que quieres es encontrar una solución. Rectifico: una solución no, LA solución. La definitiva, la que te asegure que NO volverás a sentir en el pecho ese incansable dolor que te rasga el alma en dos...
Y continuas con el runrun. Y runrun y runrun y runrun. Y que no puedes parar, aunque en el fondo tampoco quieres. Porque NECESITAS encontrar algún modo de acabar con esto, de dejar de sentirte mal, de intentar hacerle ver que dependes de todas y cada una de sus palabras. Dichas y sin decir.
Y es que no hay peor tortura que intentar buscar la solución a lo que tú consideras un problema y no encontrarla.
Entonces recuerdas las palabras que te dijo alguien una vez: un problema, si tiene solución, no es un verdadero problema. Te das cuenta que no encuentras la solución. Entonces... ¿esto es un verdadero problema?
Las agujas del reloj siguen su eterno e inacabable giro, con su leve tic-tac, ese que cada vez te pone más enferma. Y, a cada minuto que pasa, tú das una vuelta en tu cama, tu cabeza se exprime y tu corazón se resquebraja lentamente...
Y es entonces cuando te das cuenta de que es más necesario de lo que te pensabas. Pero no lo admites. ¿Para qué ibas a hacerlo? ¿Para sufrir más? Ya has sufrido y sufres bastante. En el fondo eres masoca y te gusta la autotortura. Pero eres así, no puedes hacer nada por evitarlo. Te preocupas por todo, dependes de quien no depende de ti y te sumes en un profundo pozo de dolor, autocompasión y pena...
Evitas no extrañarle, pero es imposible. Y sonríes hacia ti misma con una sonrisa triste.
Porque te das cuenta de que echas de menos algo que jamás tuviste: sus besos, sus abrazos, su tacto...
Y, entonces, te pones boca abajo y lloras.
Subscriure's a:
Comentaris del missatge (Atom)
._. sólo puedo decir que hasta un reloj parado, hacierta dos veces la hora al cabo del día.
ResponEliminaSergio... me ha matado ese "hacierta"...
ResponEliminaPero, a parte de eso, tienes razón.
Al fin y al cabo...